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La caza está fuera del debate político. No se me ocurre que, a corto o medio plazo, algún programa electoral le pueda dedicar al fomento de la caza más de un párrafo, además muy genérico y para no quedar mal con nadie. En cambio, estoy absolutamente convencido de que están al caer no uno sino varias propuestas políticas contrarias a nuestro deporte. Los cazadores somos muchos, sí, pero desorganizados. En cambio, los ecologistas no se sabe cuántos son, porque su actividad no requiere licencia, pero hacen mucho ruido.Más pronto que tarde, Los Verdes será una fuerza con cierto peso en España. Basta mirar a nuestro alrededor y así descubriremos que cuentan con 51 diputados en el Bundestag alemán, sobre un total de 614; que en Italia ocupan 16 de los 630 escaños de la Cámara y que en Suecia copan 19 de los 349 sillas del Riksdag. En Francia, Los Verdes tienen sólo 3 escaños sobre 577, pero esto es debido al sistema de elección por circunscripciones. En la primera vuelta de las legislativas de 2002 el partido Verts obtuvo 1,1 millones de votos y en la segunda 678.000, prácticamente los mismos que el Partido Comunista que, por acumular sus votos en pocas circunscripciones o provincias, logró 21 diputados.En España esto no es así, todavía. En el Congreso de los Diputados hay un solo diputado de Los Verdes. Se trata de Francisco Garrido, el secretario general de dicha formación en Sevilla, que concurrió a las generales en la lista del PSOE, por un acuerdo puntual. Lo cierto es que después de tres años se siente ninguneado por sus propios compañeros del grupo socialista.Opino que pronto se producirá un cambio y Los Verdes asumirán un papel de mayor peso, en consonancia con el resto de Europa. Lo creo así por tres factores, fundamentalmente: el primero, que han logrado desvincularse de IU, que tiene un proyecto más comunista que ecologista; el segundo, la diversificación de las opciones de izquierdas ajenas al PSOE, con el estancamiento y la desfragmentación de IU; el tercero, la concienciación o el miedo ciudadano sobre el cambio climático y sus efectos.Su propuesta tiene mucho que aportar al espacio político, pero se corre un riesgo serio: que alguna fuerza mayoritaria, impelida por la necesidad de sumar votos para gobernar, les firme un cheque en blanco y patente de corso para perseguir la caza. Por eso quizá sea ahora el momento para andar despiertos.
Buena parte de mi trabajo consiste en la observación. Un periodista debe ser ante todo una persona con los ojos abiertos y uno lo intenta, aunque a veces, lo admito, pasan las noticias por delante y sin que uno sea capaz de cazarlas. Ahora que lo pienso, el periodista y el cazador tienen muchas cosas en común. Habrá que escribir algún día de ello.
Y cuando viajo intento ser fiel a esa costumbre observadora. Desde el coche los campos no es que se divisen bien, sino todo lo contrario, pero una reciente ruta desde Sevilla a San Sebastián pasando por Extremadura, Madrid y las dos Castillas me ha servido para obtener los siguientes datos.
Ni una sola perdiz avistada. Un conejo a la altura de Lagartera. Mucha rapaz de Sevilla a Cáceres y mucha urraca en adelante. Por Burgos preciosos campos para soñar cazando detrás de un perdiguero cazallo. Y en el País Vasco verde, mucho verde, y bosque, mucho bosque. Setter.
La Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía califica de «óptimos» los niveles de densidad de perdiz y conejo en el territorio andaluz, tras el último censo de febrero. Según estos datos, las densidades medias en Andalucía son de 49,40 ejemplares por kilómetro cuadrado y 13,01 conejos.
Afirma la Consejería —en una nota que acaba de ser remitida a la prensa— que las poblaciones de caza menor en Andalucía continúan el proceso de recuperación iniciado en 2003 y que el aumento de ejemplares hace esperar con optimismo el periodo reproductor de mayo y junio.
La campiña de Cádiz es la comarca con mejores poblaciones de conejos de Andalucía, si bien en general la especie se ha recuperado en un 65% del territorio con respecto a los datos del año anterior. Almería, Cádiz, Málaga, Huelva y Sevilla son las provincias en las que ha aumentado la población de conejos. Es cierto que también en Córdoba esto ha sucedido, pero el incremento no es generalizado sino localizado en la campiña del Guadalquivir. En Jaén y Granada las poblaciones han decrecido, aunque en la primera de ellas el dato apenas es significativo.
En cuanto a la perdiz, Sevilla y Cádiz son las provincia de mayor abundancia. En esta especie el incremento es más acusado, debido a los malos datos registrados en 2005, fundamentalmente a causa de la primavera «extremadamente seca», según la Junta, de hace un año.
La Consejería de Medio Ambiente se muestra muy optimista. Ahora sólo hay que esperar que los datos, efectivamente, se corroboren durante nuestras salidas al campo.
Un excelente periodista y profesor universitario me dice con toda seguridad que la fiesta de los toros tiene los años contados en España. Y basa su análisis en un dato demoledor: «Los universitarios demonizan los toros». Asegura que se cuentan con los dedos de una mano los que defienden la fiesta en las aulas, frente a los que condenan el maltrato animal.
Los toros siempre tendrán partidarios, gente que abarrote las plazas. Pero éstas se las cerrarán en cuanto la tendencia popular sea un clamor en contra. Y, según el análisis de mi colega, no está lejano el día en que esto suceda, para desgracia del toro de lidia, porque no creo que entonces los pijoecologistas los sigan criando de manera altruista, para que no se extinga la especie.
Sin embargo, en España no ha existido una corriente antitaurina que haya ido reclutando partidarios hasta llegar hasta aquí. No. No existe un movimiento de referencia contrario a la fiesta de los toros que aglutine a los detractores de la lidia. Los grupos organizados que de vez en cuando se manifiestan en las puertas de las plazas están compuestos por muy pocas personas. ¿Por qué entonces esa mentalidad en los jóvenes?
El rechazo a los toros tiene su origen en la educación, que en los tiempos que corren no es sólo la escuela. Los jóvenes de hoy no hallan diferencia alguna entre lidiar un toro, cazar perdices o apalizar a un perro. Todo les parece lo mismo, igual de condenable y por eso creen que todo eso habría que prohibirlo.
La caza tiene muchas ventajas con respecto a los toros en su lucha por la supervivencia. Una de ellas es que en nuestro deporte el aficionado no es un mero espectador sino un practicante, por lo que quizá los defensores somos más apasionados. Y que la muerte del animal en la caza no se concibe aún como un espectáculo cruel y gratuito, como erróneamente piensan los antitaurinos sobre la lidia.
La causa principal de ese alejamiento de los jóvenes de hoy día con respecto a la fiesta de los toros es un cambio sociológico en la concepción de la muerte. Hoy día existe, podríamos llamarla así, una incultura de la muerte. Es muy difícil cambiar eso si no es poniendo en contacto a los niños, desde pequeños, con esa cultura. Y después, cuando son un poquito más adultos, regalándoles un libro de Ortega entre los DVD de Disney.
Los cazadores tenemos que procurar eso mismo, poner en contacto a los jóvenes con la cultura del campo, que la caza les parezca tan natural como la muerte. De lo contrario, los ecologistas del futuro se encontrarán, sin haber hecho nada, con un ejército de activistas dispuestos a enrolarse con ellos en la cruzada absurda e inculta, pero muy progre, eso sí, de prohibirlo todo. Las conciencias cambiarán, se volverán en nuestra contra de manera inevitable y se extinguirán las terneras de Ávila y los jamones de Jabugo, con tal de que los animales, los pobrecitos, no pasen por el trance del matadero.
El medio ambiente no es lo primero. Lo primero es el partido y luego vienen la política y el interés general. En Sevilla acabamos de asistir a un paripé tan descarado como desalentador por parte de la Consejería de Medio Ambiente y de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), que depende del Ministerio del ramo. No hay que ser un lince para darse cuenta de que nuestros gobernantes, sean del signo que sean, orientan su gestión hacia el voto. Pero uno era tan iluso que pensaba que el medio ambiente, eso tan importante y que está tan de moda a cuenta del cambio climático, estaba a salvo. Pero no.
Resulta que el río Guadaíra, afluente del Guadalquivir, es uno de los más contaminados de España a causa de los vertidos de las empresas aceituneras. Hay tres pueblos en su entorno donde se asientan estas industrias, que son Alcalá de Guadaíra, Arahal y Morón de la Frontera. Y al parecer, es en este último —el único que gobierna el PP— donde más acucia el problema de los vertidos de alpechín.
En febrero, la consejera de Medio Ambiente, Fuensanta Coves, se adelantó a todo el mundo al anunciar que planeaba la idea de retirar las competencias en materia de vertidos al Ayuntamiento de Morón de la Frontera. Y, casi de forma inmediata, la CHG anuncia que ha «retirado» dichas competencias por la permisibilidad del alcalde de Morón con los vertidos.
La consejera comparece en el Parlamento a cuento de esa «retirada». La ministra Narbona viene a Sevilla y se refiere a la medida ejemplearizante tomada con Morón. Todos los medios de comunicación, todos, informamos ingenuamente que el Ayuntamiento de Morón de la Frontera había sido castigado por su mal comportamiento.
Pues bien, lo que resulta de verdad es que todos los ayuntamientos de España habían perdido sus competencias en vertidos el 18 de octubre de 2006, a raíz de una sentencia del Supremo que declaraba nula la delegación de dicha competencia. Por ello, la «retirada» anunciada en febrero a Morón de la Frontera fue un paripé, como he dicho antes, o una «farsa», como sostiene el Ayuntamiento.
La Administración se ha valido de la desinformación ciudadana (y lo admito, periodística), porque el común de los mortales desconocía los términos de la sentencia del Supremo, y lo ha utilizado para sembrar confusión en torno a la gestión de un alcalde en vísperas electorales.
Ahora nos hemos enterado todos, porque el real decreto legislativo del 13 de abril (BOE del 14 de abril) lo deja bien a las claras, que al Ayuntamiento de Morón nadie le había quitado nada, que todo ha podido ser una estrategia perfecta para desgastar a un alcalde antes de las elecciones. Y a ver cuándo nos enteramos también, señores, de que con el medio ambiente no se juega.
No es que se vea venir, es que está pasando. A la caza la están matando, porque nos disparan a discreción y desde tantos puntos al mismo tiempo que nos resulta imposible defendernos. Estamos rodeados, sí señores, y lo estamos porque nos han ido cercando sin que nos diéramos cuenta, porque los cazadores somos muchos y todo lo que queramos y más, sí, pero estamos dormidos.
De otro modo no se explica que el integrismo ecologista de los anticaza, un sector residual dentro del verdadero conservacionismo, haya vencido tan claramente la batalla de la prensa. Pero también porque —esto es un ejemplo— en los colegios los maestros que cazan no se preocupan por explicar sus ideas como sí lo hacen los anticaza, de colmillo por lo general más retorcido y más intoxicadores.
Lo que faltaba era que se sumaran los políticos a la cruzada contra la caza. Pero eso ya está aquí. Claro que antes los presidentes de turno han tenido que poner al frente del Medio Ambiente a ecologistas empedernidas y, en algunos casos, pijo-ecologistas, lo cual es aún peor. Y nosotros durmiendo…
A esto hemos llegado y, aunque estén matando a la caza poco a poco y ahora amenacen con prohibirla de facto, somos tantos que, si despertamos, ganaremos la batalla.
En un país con dos Españas enfrentadas permanentemente, creo un error pensar que un partido de cazadores pintaría algo en el Congreso. Por eso, nada mejor que una demostración de cuál es nuestro poder de convocatoria y movilización. Enseñar los dientes, que se dice, y vigilar a los nuestros, a los que nos deben representar, no vayan luego a venderse por un plato de lentejas. Entonces sí que estaremos muertos.
Pues resulta que el testero del patio estaba siempre hasta arriba de jaulones, que es como se le dice en mi pueblo a los terreros para los pájaros. Estaba lleno de jaulones porque en casa ha habido siempre afición al pájaro, ya fuera por amor al perdigón o por simple vicio al reclamo.
El primero que recuerdo fue el «Bartolo», dicen por aquí que fue el mejor, hasta que una tarde, a la vejez, cortándole las alas se subió al tejado y adiós.
El último fue el «Perico», hace ya algunos años, que dijo adiós la fatídica mañana en que se le rompió al Groy el mosquetón de la cadena y la cabeza del pájaro —el pobre quería huir sacándola por los barrotes— acabó en las garras del perro, que para eso lo alimentábamos.
Siempre me ha acompañado el cuchichí en los despertares de enero y en las tardes de estudio de todo el año, porque los reclamos de mi vecino el gran José el de la Viuda no dan de mano ni en vacaciones.
El campo quedaba a dos pasos de casa. El puesto me lo conozco bien, y mejor el ritual. Traté de empaparme con alguna lectura, pero las que encontré fueron técnicas o románticas, hasta que di con lo que buscaba —una argumentación de los beneficios de la caza de perdiz con reclamo— en un simple reportaje de Federcaza, hará ahora 13 años. Y confieso que hubo un tiempo en que me sedujo la práctica, hasta que un día me paré a reflexionar.
Debí de equivocarme al discernir, porque después de mucho pensamiento hallé el reclamo como lo que dije aquí mismo hace unos días, sin ánimo de ofender ni de insultar, aunque algunos me han confundido con un pimpampum con cara de nosequé. Allá ellos. El caso es que, por mucha emoción (y había vivido mucha en el puesto) y por mucha tradición (el abuelo cogía los pájaros al candilón, ustedes saben), no creo que tirar a un pájaro en tierra sea cazar.
Es un límite de los míos, muy personal, porque cada cual tendrá los suyos. Por eso decía que aunque no lo comparta, no me considero quién para pedir que se abola o se prohíba el reclamo, porque habrá a quien ir tras la perdiz en la sierra con el perro por delante, donde se puede cazar una cada dos semanas y tan contento, que es lo que me gusta, digo que habrá alguno a quien esto le parezca un crimen. Y, aunque discrepe, lo respeto y no por ello lo confundo con un pimpampum.
Así que a esos que se tienen por buenos conjugadores les pido un manual de estilo para aprender de ellos. Si ese propio me lo hace llegar le prometo a cambio un libro que se le olvidó recomendarme, pero que él lo aprovechará mejor que yo.
Ah, por cierto. Que me encanta escuchar en los días de enero a mi tío Antonio, cuando se le iluminan los ojos contándome el puesto que ha tenido y lo bueno que estaba el campo esa tarde. Me encanta escucharlo cuando habla de caza, porque es entonces cuando me doy cuenta de que, de verdad, yo de esto no tengo ni puta idea. Con perdón.
La caza de la perdiz con reclamo siempre me pareció una traición más que una tradición, una muerte por la espalda. Si algo semejante ocurriera entre humanos, salvando las distancias, hablaríamos de cobardía. Porque la caza de perdiz con reclamo no es un lance en buena lid. Y por eso no frecuento la jaula.
Sé que éste es asunto delicado, y por eso precisamente me mojo, porque aquí estamos para opinar de lo delicado. Y lo difícil es decir aquí que el reclamo me parece una traición, una trampa diseñada para capturar a los más bravos y encelados del campo, precisamente. Supongo que esos perdigones serán mártires dentro de su especie.
El reclamo tiene indiscutibles ventajas si se aplica como un método selectivo, pero todos sabemos que no suele ser el caso, ni mucho menos. En Francia y en alguna isla balear, se emplean los reclamos para capturar perdices vivas y realizar una selección. Eso sí, pero de lo que estoy hablando es de otra cosa.
Pero que no defienda el reclamo no quiere decir que crea que esta modalidad tenga que abolirse, como un buen integrista del ecologismo seguramente malinterpretaría. Aunque no defienda esta caza, yo la respeto, pero si son jauleros y lo que esperan es comprensión, a mí que no me pregunten. Porque no hay mejor tradición que la de ir de frente. Digo yo.
Y ahora, al hilo de las encuestas: ¿usted qué opina?
En Sociología, una de esas materias de "culturilla general" que nos enseñan, así por encima, a los periodistas en la Facultad, ¡porque hay que ver lo mal que luego informamos de todo!, pues les decía que en Sociología se analizan las respuestas debidamente estratificadas y ponderadas para dar a cada una su valor correspondiente. Por ejemplo, a la hora de sondear la intención de voto, es muy importante preguntar al encuestado qué opción votó en las elecciones anteriores para dar a su respuesta el valor correspondiente y obtener resultados más fiables.
Así, no puede tener el mismo valor la opinión de la caza de una persona que la conoce, aunque no la practique, que las respuestas de gente que nunca ha ido de caza y que basan su rechazo en prejuicios. Y esto me invita al optimismo. Y les explico.
Casi nadie duda que en una encuesta general sobre defensores y detractores de la caza en España, estos últimos saldrían victoriosos. Yo al menos no lo cuestiono. Pero también estoy seguro de que, si esa encuesta se realizara sólo en el medio rural, los defensores de la caza ganarían por mayoría apabullante.
Los que conocen nuestra afición, la hayan practicado o no, pero la sienten cerca, no rechazan la caza tan fervientemente como aquellos que, a lo mejor, no saben distinguir una liebre de una ardilla. Porque estaremos de acuerdo en que los grupos ecologistas concentran su militancia en grandes ciudades, con gente apartada no ya del mundo rural en su concepción más amplia, sino del propio campo, de las margaritas y de las amapolas.
Por eso hoy paso del pesimismo (realismo decía acertadamente uno de vosotros) a un ligero optimismo, que me hace mirar al futuro con más esperanza. Sólo hay que lograr que nos conozcan.
Hallar una encuesta seria sobre la opinión de los españoles sobre la caza es muy complicado, si no imposible, porque prácticamente no existen estudios serios al respecto. El CIS, que es el centro de investigaciones sociológicas estatal y el gabinete de encuestas de referencia en España, sólo ha preguntado una vez a los españoles por la caza, y lo hizo en diciembre de 1995*.
La pregunta era la siguiente: "¿Está usted más bien a favor o más bien en contra de la caza?". Y ganaron por los pelos los detractores, con un 43% frente al 42% de partidarios. El 15% restante o no sabía o no contestó. Ahora bien, por sexos, el 51% de los hombres apoyaban la caza y, por edades, los partidarios de este deporte se concentraban en el tramo de 45 años en adelante. En cambio, entre 18 y 45 años, los detractores eran mayoría.
Pero un detalle me llama mucho la atención. El apoyo a la caza era menor cuanto más jóvenes eran los encuestados y, sobre todo, ¡a menor edad, menos indecisos, es decir, más claridad de ideas! Paradójico, ¿verdad?
Con esos datos no hace falta ser un lince para intuir que la imagen de la caza tiende a deteriorarse. Y así, ante la sequía de estudios, me he permitido la osadía de actualizar esos datos, haciendo una simulación.
Mis resultados me dicen que hoy día un 48% de los españoles sería contrario a la caza y sólo un 29% de ellos, menos de un tercio, la apoyarían. Por edades, los defensores ganan por mayoría en el grupo de 55 años en adelante y un 63% de los jóvenes de entre 18 y 24 años se opondrían a ella.
Por supuesto, no se trata de una estimación científica ni aspiro a ello, ni mucho menos. Pero la intuición me dice que, a lo mejor, hasta mi pesimismo se ha quedado corto. La imagen de la caza va a peor.
Como dice en 'Diario de caza' José Ignacio Ñudi, urge una campaña de imagen a favor de la caza. No haría falta hacer propaganda, bastaría con el realismo, con mostrar nuestra actividad tal como es, porque desgraciadamente, una gran parte de nuestros detractores basan su postura en prejuicios.
* Nota: El estudio se tituló 'Perfiles actitudinales en la sociedad española' (1995). El CIS preguntó por la caza en 1992 y 1993, pero en encuestas sólo en Extremadura.
Me estoy volviendo estúpido; sí, es cierto. Me estoy volviendo idiota, supongo, porque cada vez entiendo menos lo que leo, escucho y veo.
El Ministerio de Agricultura quiere prohibir los 4x4 en caminos rurales no pavimentados. ¿Cómo? ¿Oiga? ¿Me lo explica, por favor?
El Gobierno está dispuesto a cerrar el paso a los todoterrenos "por aquellas vías de la red rural que no dispongan de pavimento de conglomerado asfáltico u hormigón, excepto en aquellos tramos en los que se encuentre debidamente autorizado y señalizado". Y cometemos el mismo error de siempre: prohibir, prohibir, prohibir... y que paguen justos por pecadores.
Que conste que no tengo 4x4, pero entiendo que esta medida parte de un profundo desconocimiento del medio rural, donde el 4x4 está muy extendido desde hace años.
Entiendo que se prohíba campar alegremente con 4x4 por Doñana, por Cazorla, por los Picos de Europa, por Monfragüe o Aiguastortes. Por supuesto, lo veo lógico. ¿Pero a qué viene prohibir, con carácter general, en tránsito por caminos de olivares, viñas o tierra calma, por ejemplo? Es más, ¿por qué, sin embargo, se permitirá el tráfico de los 'quads', que sí que están extendidos entre los niñatos que van a hacer piruetas y daño al campo?
Al final creo que al Gobierno no le va a quedar otra que empujar la palanca de cambios y dar marcha atrás antes de que desbarre por el patinazo.
Hará unos meses, en el rastrillo de perros del Club de Caza, leí un mensaje de un tipo que buscaba un pointer macho, cachorro de pocos meses, la cabeza negra y el cuerpo blanco, con alguna mancha en un punto muy, pero que muy concreto, y decía que no importaba que no tuviera pedigrí. ¿A qué venía tanto detalle?
Puedo estar equivocado, pero apostaría algo a que ese tipo quería cometer un fraude. Seguramente tendría un cachorro similar con pedigrí o inscrito en el LOE, éste moriría y andaría buscando un clon para fingir que ése era el perro auténtico.
Estas cosas ocurren, no sé con qué frecuencia, pero pasan. Una vez oí a un aficionado criador decir serenamente, con toda naturalidad, que había 'colado' en una camada de pointers inscrita en el LOE a un perro de otros padres, que sólo era cinco o seis días mayor que los demás. Salvo una prueba de ADN, supongo que sería imposible descubrir el fraude.
Ignoro si el tipo del anuncio acabó consiguiendo el cachorro que buscaba. Pero sepan que, si lo ha hecho, por ahí anda suelto un granuja dispuesto a cruzar como pura sangre a un pointer que no lo es, posiblemente vendiéndolo como un falso hijo o nieto de campeones, ese reclamo que tanto se estila y que tanto deslumbra.
Está el cielo gris, llueve y hace frío. Son días propicios para las migas, una de mis recetas preferidas. La abuela me enseñó a hacerlas y aquí les paso su receta:
Ingredientes:1 kilo de pan.5 ó 6 chorizos de cerdo.1 trozo de tocino de vetas.Dos cabezas de ajos.1 litro de agua tibia.Aceite de oliva virgen.
Es preferible el pan duro, de varios días, de masa de bollo, pero tampoco pasa nada por mezclar pan de varios tipos. Se desmenuza a pellizcos y las migas se depositan en un recipiente. Cuando todo el pan está desmigado, se moja con agua tibia.
A continuación, cortamos los chorizos en rodajas y luego cortamos las rodajas en cuatro partes, para que nos queden trozos muy pequeños.El tocino se corta en láminas muy finas. Es conveniente que sean pequeñas también.
Se cubre la base del perol con una fina capa de aceite de oliva y, cuando esté caliente, se rehogan los ajos en camisa, sin pelar. A los dos minutos se vierten el chorizo y el tocino. Todo esto a un fuego medio.
Un par de minutos después, se vierten las migas, que han estado todo este tiempo en remojo con el agua tibia. Entonces podemos subir el fuego al máximo, siempre que no dejemos de remover el pan.
El pan irá perdiendo el agua e irá desmigándose. Es conveniente tener mucha paciencia, porque al principio no se apreciará el progreso. Llegará un punto, una media hora después -o quizás más- en que el pan empezará a soltarse y a dorarse. Cuando esto ocurra, bajamos el fuego para controlar el punto en el que nos gustan y evitar que se hagan demasiado.
Si hemos cortado el chorizo y el tocino en trozos pequeños, éstos prácticamente se confundirán con las migas. Si servimos con un par de huevos fritos y vinillo apañado, que la cama o el sofá estén cerca.
La codicia convierte al cazador en furtivo. Y la codicia es la que ha motivado el cierre de una finca gestionada por la sociedad de cazadores de Huévar del Aljarafe, en Sevilla, por parte de la Consejería de Medio Ambiente. La 'policía ambiental' de la Junta de Andalucía halló hace unas semanas dos jaulas trampas, cuatro cepos, 24 costillas, una varilla de lazo y cinco lazos simples en la finca 'La Vacante'. Algunas malas artes estaban dispuestas para la captura, otras se hallaban en las instalaciones de la finca. Así que, al amparo de la Ley de Flora y Fauna Silvestres, ha suspendido la caza en el paraje. Ha sido una finca, pero son muchas. Los cebos envenenados, los lazos, las trampas... son una realidad en nuestros campos. Los que solemos salir a caminar, a pasear, en estos días de invierno, los encontramos a menudo. Y no sólo para capturar alimañas, algunas en serio peligro de extinción (¡y a eso le llamarán gestión cinegética!), sino también en las bocas de las madrigueras para secarlas de conejos. Para ellos, desalmados, sólo se me ocurre una palabra: sinvergüenzas.
Estamos aquí gracias a un cambio climático. Al que se debió de producir hace millones de años y que hizo la Tierra un lugar habitable, se entiende. El cambio climático se ha puesto de moda. El calentamiento global es imparable, los polos se van a deshelar, el interior se va a convertir en litoral y muchas especies van a decir adiós. Si no, asómense a cualquier diario, sintonicen cualquier emisora, enchufen el ordenador y naveguen un rato. El cambio climático ha escalado posiciones en la setting agenda. Fíjense, que el otro día hasta oí a un señor que le decía al camarero: "Oiga usted, por favor, cámbieme la sopa, porque ésta tiene un cambio climático dentro".
Será que soy un escéptico, pero yo no tengo muy claro eso del cambio climático. Manuel Toharia nos ha advertido de que la evolución del clima ha de estudiarse en intervalos de 30 años, por lo menos. Por lo que un invierno seco y cálido o un verano húmedo e insualmente fresco no bastan para afirmar que se nos hunde la Tierra; habría que tener 30 seguidos. Y estaremos todos de acuerdo en que éste no es el caso. No parece que se den los indicios suficientes como para hablar en serio de un cambio climático.
Yo mejor prefiero pensar en los hábitats que destruyen las vías de alta velocidad que se nos construyen alrededor, en el impacto de las desaladoras que se nos prometen, en las nuevas autovías que destrozan riberas y querencias de aves protegidas, en las urbanizaciones de lujo "en el medio natural" que prometen las constructoras a precio de oro... El cambio climático, como bien dice alguien hoy en la prensa, debe ser cosa de la Ciencia, pero el destrozo diario que nos rodea, eso debe ser asunto de todos.
No me considero legitimado para rasgarme las vestiduras por el cambio climático cuando me muevo en moto o coche, me encanta viajar en avión, se me olvida desconectar el televisor cuando salgo de casa y dejo encendido el led del stnad-by o cuando paso de repostar biodiésel porque me fastidia que me lo cobren al mismo precio que el gasoil. Podría hacer propósito de enmienda, cierto, y me comprometo a ello, pero no estoy dispuesto a alarmar por alarmar. De todos modos, como decía al principio, el hombre está aquí gracias a un cambio climático, pero la Tierra no se hundió, el mundo no se vino abajo... El planeta no saltará por los aires, no estallará como en un cómic futurista; esto se hará inhabitable para nosotros y otros que ya estarán aquí nos desplazarán. Entonces, el mundo será de ellos y el hombre no se lo habrá cargado; simplemente, se habrá autodestruido.
Aquella mañana los amigos fuimos al campo de tiro a ver cómo respondían los cachorros con las codornices de granja. Antonio las fue sembrando una a una y las dejamos un largo rato, alrededor de una hora, antes de sacar los perros. Luego los cachorros las fueron mostrando una a una, y Willy, el mejor con la escopeta de entre nosotros, las fue tirando. Pero a una de ellas se la había tragado la tierra. Batimos el campo de izquierda a derecha y de arriba a abajo, pero ni rastro de la codorniz. No la habíamos visto volar, así que debía haber apeonado. ¿Pero dónde estaba? Entonces Willy se giró y, abriendo las fosas nasales como el mejor perdiguero, dijo extrañado, como preguntando: "¿Pues no parece que me ha llegado el olor? La codorniz está ahí". Y señaló a un frondoso matorral a la entrada del campo de tiro. Al instante, los perros cayeron en muestra justo en ese punto y nosotros, cariñosamente, comenzamos a llamar a Willy el pachón.Durante muchos años me he resistido a creer que Willy de verdad captó las emanaciones de la codorniz, aunque él jura y perjura que fue así, y me he inclinado a pensar en que el acierto fue fruto del azar o de la picaresca. Pero hoy, leyendo la sección de Ciencia de El Mundo, lo creo posible.Científicos de la Universidad de Berkeley-California dirigidos por Noam Sobel han demostrado que el olfato humano es similar al de los perros y que, convenientemente entrenado, puede alcanzar un nivel de eficacia sorprendente. 32 jóvenes sanos de entre 18 y 26 años, de ambos sexos, han sido capaces de seguir distintos rastros con los ojos vendados y los oídos tapados, sólo guiados por el olfato, la nariz pegada al suelo como sabuesos. Pero no sólo eso. Los que recibieron entrenamiento durante 15 días, no sólo acortaron a la mitad el tiempo de búsqueda sino que desarrollaron conductas como olisquear con rapidez o buscar en zig-zag, o sea la en búsqueda cruzada, que es precisamente como suelen buscar los perros.Si les ha fallado el perro en esta temporada que ahora termina o lo han perdido -como lamentablemente le ha ocurrido a servidor- ya saben que además de emplear el dinero en un cachorro, ahora también pueden buscarse un adiestrador personal que les enseñe a dar con conejos y perdices en el campo. Si alguno opta por ello, que me avise, por favor. Será divertido verlo entrar en las zarzas, si es que se atreve. Pueden ser los inconvenientes de volverse un perro.
Hace unos años, en un cajón de libros de saldo en un gran centro comercial de Sevilla, encontré casi regalado Novela de caza, del alemán Horst Stern. La obra es un relato reflexivo, por momentos filosófico, sobre la caza, los sentimientos del cazador y los pensamientos y miedos de un oso salvaje en el Este de Europa, un trofeo extraordinario que lucha por la supervivencia, aunque condenado a ser abatido en un hábitat que el progreso industrial modifica a ritmo galopante, para el desconcierto del animal. Interpreté el libro como una reflexión entre el bien y el mal en la caza, el bueno y el malo, la ética del cazador. Y por ello recomiendo su lectura a todo interesado en esta apasionante dicotomía.Nada tiene que ver este oso del libro con Mitrofán, el que, según ha denunciado un funcionario ruso del Departamento para la Protección y Fomento de los Recursos Cinegéticos de la región de Vólogda, habría abatido el Rey Juan Carlos en una cacería en Rusia a finales de agosto. La Casa Real ha desmentido la información, según la cual el oso había sido criado en cautividad -los animales salvajes no tienen nombre-, estaba amaestrado y había sido emborrachado a base de vodka y miel para facilitar su caza, por decir algo.El funcionario denunciante, Serguei Starostin, ha precisado que no pretende atacar al Rey, porque éste desconocía el amaño de la cacería, sino que su objetivo es dejar con las vergüenzas al aire a los ideólogos de la trampa, que por lo visto es más que frecuente en la zona, y no sólo con osos sino con otros animales supuestamente salvajes.De ser cierto todo esto, el Rey habría caído en una trampa inaceptable que debe de tener algún responsable en España, porque alguien le debió de buscar la cacería y organizarle el viaje. Si existe este alguien, que dimita y, si no existe... ¿pueden dimitir los reyes?
O a espuertas, que se diría en mi pueblo. Los censos de la Junta de Andalucía revelan que en el territorio andaluz habitan 6,2 millones de conejos y 4,4 millones de perdices. Los recuentos se realizaron en el mes de julio, tomando muestras aleatorias en cada una de las 23 áreas cinegéticas que delimita el Plan Andaluz de Caza. La Consejería de Medio Ambiente interpreta los datos con optimismo y afirma que revelan una "recuperación global" de las especies de caza menor. La comarca de Los Pedroches, la más septentrional de Andalucía, es la que presenta mayor densidad de conejos. Pero en términos generales, la Campiña de Cádiz es la zona con mayor densidad de especies: en concreto, la segunda con mayor densidad de conejos (159 por kilómetro cuadrado) y la que disfruta de mayor densidad de perdices, con la espectacular cifra de 312 pájaros por kilómetros cuadrado. El Valle del Guadalquivir, las estribaciones subbéticas entre Cádiz y Sevilla, la Depresión de Granada y Sierra Morena gozan de buenas perspectivas. Por el contrario, la situación de las especies de caza menor es deprimente en las comarcas de Baza, Filabres, Santa María y Estancias, las Sierras de Cazorla y la Subbética cordobesa.La situación es esperanzadora. Ahora sólo falta que llueva para que se consolide la tendencia. Ojalá sea así.(Más información en EL MUNDO de Andalucía del domingo 8 de octubre).
Antonio, con esa sabiduría adquirida después de tantos años detrás de los pájaros en la sierra, siempre en la sierra, me leyó el pensamiento: "Asómate a ese tajo, que de ahí abajo siempre se arranca alguna". Claro que luego, cuando escuchó el disparo, pensó que el jodido niño se estaba quedando con él: "Antonio, si no fuera porque ha seguido volando hasta que la he perdido de vista, diría que va tocada". "Este puñetero chiquillo -debió de pensar él- me quiere tomar el pelo". Y no le faltaban motivos, porque llevábamos toda la mañana pateándonos el campo sin haber visto ni pelo ni pluma. Sacamos el bocadillo y yo seguía convenciéndolo de que, como él me advirtió, una perdiz se arrancó desde el pie del tajo, muy larga, que la tiré al tuntún y que hizo un raro escorzo en el aire, como dándose media vuelta, para seguir volando y perderse abajo, entre los olivos. Que sí, que no, que la madre que te parió niño, que no te burles de mí... "Oye, ¿y la perra? ¿Dónde se ha metido la Blaqui?".Admito que el final de la historia es el previsible, pero no me resisto a contarla. Me volví a asomar al tajo y vi un puntillo negro moverse entre los olivos. Premio: la perra. ¿Y qué traía en la boca? Premio: el pájaro.Realmente fue aquel día cuando la perra se quitó la etiqueta de El Corte Inglés. Y desde entonces no paró... de parar, se entiende. Lo más curioso, por extraordinario, cuando aquella mañana de octubre paró una liebre en el pie de un olivo en Bobadilla. Paco, Ignacio y yo viéndolas a las dos, a la perra y a la liebre, que no se atrevía a saltar porque nos veía con sus ojos saltones demasiado cerca de ella. El animal no debió de percatarse de que detrás estaba la Blaqui y la dejó acercarse tanto que la cogió viva con la boca.Así llegamos a la fría tarde de enero en la que mi padre la halló muerta en la perrera. Y aquí terminaré de contarles historias de la perra, que me ha venido a la mente en estos días de vísperas. Al fin y al cabo, seguro que ustedes tienen anécdotas y perros mucho mejores. Me encantaría conocer esas historias.
Los censos de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía auguran un año excelente de perdices. Uno de los mejores en la última década. Mi particular demoscopia, o sea las frecuentes salidas al campo desde la pasada primavera y el constraste de opiniones con amigos cazadores y agricultores, coincide con esta apreciación, aunque las condiciones del coto de Gilena son especiales, porque el año pasado la perdiz no se tocó. La puñetera sequía.Pasó lo mismo a finales de los 90 -creo recordar que el 97-, cuando también se dio un año de tregua a la patirroja. Y al año siguiente, que para colmo de bienes fue prolijo en precipitaciones, vivimos la mejor temporada que recuerdo. Pero, lamentablemente, por muy optimistas que sean los censos y por muchos pájaros y muy bien criados que se vean en el campo, este año el agua está por llegar.Por eso, en Gilena este año se ha decidido retrasar la apertura de la temporada general hasta que no llueva. Un día de caza a casi 30 grados de temperatura con más de doscientas escopetas en el campo puede hacer un daño irreparable a la perdiz. Por muy buenos que sean los censos. Y eso lo deberíamos saber todos los cazadores. Algunos pensarán que se podría abrir sólo para el conejo, y es cierto. Pero desgraciadamente aquí pagamos justos por pecadores y supongo que se prefiere no correr el riesgo de una escabechina por parte de los furtivos enmascarados bajo una licencia de caza a los que les da lo mismo ocho que ochenta.Por el momento, me dice mi buen amigo Paco, siempre tan atento a las novedades del coto, que se maneja abrir el 23 de octubre. Pero hete aquí el weather.com (http://www.weather.com) no da ni una gota de agua en Sevilla en los próximos diez días. Qué desdicha.Así que pendientes del cielo andamos los cazadores por estos pagos. Bien concienciados, para que luego digan. Y orgullosos de ser capaces de tomar y admitir estas medidas de las que por desgracia nunca se acaban enterando los ecologistas. Qué se le va a hacer.